sábado, 21 de mayo de 2011

Andrés - Capítulo 3 – Prácticas parte 2

Levanto la cara y me miro, era ella, Annia!.
Puso los ojos como plato y abrió la boca.

-         Andrés!, que hace aquí? – pregunto alarmada.

-         Creo que la pregunta es qué hace usted aquí princesa?, no debería estar en el castillo?

-         Andrés, por favor no digas nada a mi padre – suplico.

-         Descuide, no diré nada, pero que hace aquí? La ciudad es muy peligrosa para usted.

-         Escucha Andrés, se lo diré en el castillo, pero por favor no diga nada a mi padre, por ahora tengo que irme, nos vemos en el castillo – dijo acomodándose la capa.

-         Espere, no puedo dejarla ir sola, yo voy con usted – dije firmemente.

La princesa demoro al responder, pero accedió.

Nos dirigimos a una casa hogar en el centro de la ciudad, no entendía por qué estábamos hay. Ella toco el timbre y una señora grande abrió la puerta.
-         Princesa!, pensamos que ya no vendría – la señora la abrazo – los niños preguntaron mucho por usted ayer.

-         Si, lo siento, es que ayer no pude venir – pero hoy ya estoy aquí y les traje a los niños una sorpresa.

-         Oh! No se hubiera molestado, los niños son felices con solo verla, usted es tan buena. Venga pase.

Annia paso, y yo me quede afuera, ella voltio y me dijo.

-         Ven, vamos –  sonrió, me agarro la mano con sus guantes de cuero negro y me jalo hacia la casa.

Entramos la casa era grande pero un poco vieja, tenía muchos sillones y pequeñas mesitas, había pequeños juguetes tirados por el suelo.
Salimos a un gran patio, hay había pequeños niños jugando.

-         Niños, adivinen quien vino – dijo la señora con una gran sonrisa.

Los niños luego, luego que vieron a la princesa corrieron hacia ella. Ella abrazo a cada uno de los niños, se veía muy contenta y feliz.

-         Les traje una sorpresa! – dijo la princesa y les empezó a entregar a los niños, pequeños juguetes.

-         Gracias! – dijeron todos los niños.


Nos quedamos un rato jugando con ellos, después nos sentamos en las escaleras del patio.


-         No son tan tiernos? -  me pregunto refiriéndose a los niños.

-         Si, son muy alegres y se ve que la quieren mucho – ella sonrió.

-         Vamos a hacer una cosa va? – Asentí – tú me hablas de tu, y yo te hablo de tu.

-         Pero usted es la princesa, no le puedo llamar de tu – replique.

-         Si puedes, no me gusta que la gente me hable de usted – dijo firmemente pero con la sonrisa angelical todavía en su rostro.

-         Está bien  -  accedí.

Se le dibujo una sonrisa realmente angelical en su rostro. Wow! Era realmente hermosa.

-         Annia – me tendió la mano, como para volverse a presentar, tenía sus guantes negros de piel.

-         Andrés – sonreí. – puedo hacerte una pregunta? – acepto – porque ahora cuando te toco, no te pasa nada?, no me malinterpretes, quiero decir que…

-         Si, te entiendo, es que estos guantes me los dieron especialmente para eso, para poder tocar a las personas, estos impiden cualquier paso de energía.


Un niño pequeño como de unos 2 o 3 años, corría hacia nosotros y abrazo fuertemente a Annia.

-         Hola David! Como haz estado pequeño? Annia lo sentó en sus piernas.

-         Bien! – dijo con una voz aguda, le dedico una sonrisa a Annia. El pequeño niño voltio a verme y se puso serio – el es tu novio? – pregunto señalándome con su pequeño dedo índice.

Annia y yo intercambiamos una mirada de sorpresa, sus mejillas se empezaron a tornar carmesí y desvió la mirada. El silencio se prolongo, creo que los dos esperábamos que el otro respondiera, el pequeño niño nos miraba simultáneamente con ojos impacientes esperando su respuesta.

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